El Alcalde hará entrega a Agapito García González 'Serranito' de la Medalla de Oro de la Villa con motivo del Día de Colmenar Viejo
El Alcalde de Colmenar Viejo, José María de Federico, hará entrega el próximo día 22 de noviembre en el transcurso del Pleno Extraordinario convocado con motivo de la celebración ese día del Día de Colmenar Viejo, una fecha en la que este año se conmemora el 504 Aniversario del privilegio de Villazgo de Colmenar Viejo, a D. Agapito García González, más conocido como Serranito, la Medalla de Oro de la Villa, una distinción municipal creada para premiar los méritos extraordinarios de personalidades que han prestado servicios al municipio o han dispensado honores. Don Agapito García González, cuyo nombre artístico en el mundo taurino es Serranito, nació el 14 de mayo de 1941 en Colmenar Viejo y lo de haber venido al mundo el quinto mes del año debió ser, quizá, a propósito de su afición a los toros porque en el ámbito taurino dicen que no hay quinto malo. El devenir de su vida no dice lo contrario. Dejó la escuela para ayudar a su padre y a sus hermanos en las labores del campo (arar, trillar, cuidar de las cabras.) cuando tenía nueve años, dos años después de tener su primer contacto con los toros: iba caminando por encima de la tapia de un prado cuando, de repente, un toro salió en estampida por debajo de ella. "No se sabe si el susto fue más grande para mi que para el toro", recuerda el protagonista, quien tras caer de la tapia salió corriendo en busca de su padre. Pero la afición iba creciendo dentro de él. Veía a su vecino, el torero Santiago García, El Tranquilo, como un maestro y envidiaba a los que como él (El Kiri, Cotola.) iban toreando por los pueblos. A él aún le quedaba mucho camino por recorrer para emularles pero todo se andaría. Y el primer destino fue Salamanca, donde le habían dicho que había muchos tentaderos y que los ganaderos dejaban torear a los capas después de que torearan los maestros. Un 4 de febrero, a los 16 años, se marchó a aquellas tierras. Descubrió que no era oro todo lo que relucía, que había más capas que vacas en Salamanca, que había que recorrer muchos kilómetros en busca de tentaderos, que tenía que buscarse la vida para sobrevivir. Torear, en realidad, toreó poco pero aprendió mucho, sobre todo, de sí mismo. Recuerda que descubrió que "la comodidad y la pereza eran malas consejeras, que no era ningún lumbrera, que no tenía mucho valor y sí muchos complejos pero, a cambio, sí mucha afición". Tampoco se le pasó por alto que tendría que luchar mucho para conseguir el éxito. Para curtirse, Serranito toreó trece novillos por los pueblos antes de debutar con picadores y, al igual que sin caballos, toreó pocas novilladas picadas por lo que llegó "verde", según él mismo, a la alternativa. Su doctorado en tauromaquia llegó el 17 de mayo de 1964, en la Feria de San Isidro de Madrid, en la Monumental de Las Ventas, actuando como padrino Fermín Murillo y como testigo Andrés Vázquez. Lidió al toro Boticario, de la divisa de Rafael Peralta, consiguiendo una buena faena. A su segundo toro, de nombre Catalán, le cortó una oreja. En su año de alternativa intervino en 22 corridas de toros; en 1965 en un total de 14, la misma cantidad que en el año siguiente. En 1967 vuelve a faenar en otras 22 corridas de toros y en 1968 en 26, incluida la corrida de la Beneficencia celebrada en Madrid el 5 de junio. Este último año, Serranito consiguió su única puerta grande en Las Ventas, saliendo Triunfador de la Feria de San Isidro 1968. Como matador, le ofrecieron corridas de las consideradas como duras (Guardiola, Miura, Pablo Romero.) pero con estas corridas no podía hacer el toreo que le gustaba. "Mi toreo no fue de masas, no era tremendista, no toreaba para el gran público sino, más bien, para aficionados. Buscaba el toreo clásico, una mezcla de técnica y de arte y, sobre todo, echar la pata p'alante. Cargar la suerte era mi obsesión", cuenta. Pero de todo se aprende en la vida. Poco a poco Serranito fue cogiendo oficio, convirtiéndose en un torero más seguro y valiente y, sobre todo, haciendo gala de su mayor virtud: la constancia. Su loable empeño por ser figura del toreo le llevó el 14 de septiembre de 1969 a vérselas en solitario en Benidorm con seis toros del hierro de Antonio Pérez Angosto. El cuarto morlaco de la tarde le marcaría la vida para siempre. El bicho le volteó y le corneó posteriormente en el suelo. La herida no fue de gravedad pero sí la lesión que se produjo en la espalda al caer en mala posición. Sufrió una luxación de la quinta vértebra cervical que le produjo una parálisis casi total. Siete meses menos siete días después, el 7 de abril de 1970, Serranito salía del Sanatorio de Toreros de Madrid en condiciones casi normales pero no suficientes para volver a los ruedos. El mundo del toro se volcó entonces con él, organizando un Festival para ayudarle a aumentar los escasos ahorros que le quedaban como matador de toros. La cita fue el 7 de noviembre de 1970 y en el festejo intervinieron, entre otros muchos primeros espadas, Rafael Ortega, Antonio Borrero Chamaco, Antonio Mejías Bienvenida, Victoriano de la Serna, Antonio Chenel Antoñete y Gregorio Sánchez. Pero su retirada de los ruedos, a pesar de su fuerza de voluntad, su tesón, sus ganas de superación, su valentía y buen hacer, no significó su distanciamiento de la profesión que le corre por las venas. A lo largo de las últimas décadas, Serranito ha sido maestro en la Escuela Taurina de Madrid (en concreto, 25 años), sentando cátedra entre algunos primeras espadas actuales, y estrecho colaborador en asuntos taurinos con el Ayuntamiento de Colmenar Viejo, participando en numerosas ocasiones como asesor del Presidente en el coso colmenareño. Su generosidad le ha llevado también a donar diversos vestidos de luces y trastos de torear al Museo Taurino de la localidad. Con la Medalla de Oro de la Villa que recibirá el próximo 22 de noviembre, sus vecinos, representados por su Alcalde, quieren rendirle homenaje y mostrarle su merecido reconocimiento por toda una vida entregada al mundo de los toros.
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