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Evolución histórica de Colmenar Viejo. De la Prehistoria a la Antigüedad tardía

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Los hallazgos de útiles de piedra prehistóricos son muy abundantes en el término municipal de Colmenar Viejo. En la Casa Museo de la Villa pueden contemplarse varios de estos ejemplares recuperados tanto en las márgenes del Manzanares como en las proximidades de los cursos de agua más inmediatos. Precisamente, uno de los testimonios más antiguos es un bifaz, herramienta tallada por sus dos caras a partir de un canto rodado del río, atribuible al Paleolítico Inferior, entre 140.000 y 100.000 años de antigüedad.

Bifaz del Paleolitico Inferior


Con todo, en la excavación arqueológica realizada en el parque Santiago Esteban Junquer se han localizado 9 fosas-silos con industria lítica y fragmentos cerámicos realizados a mano, algunos de ellos pertenecientes a recipientes de almacenaje. Se trata de restos atribuibles a grupos humanos de la Prehistoria reciente, concretamente en la transición Calcolítico-Bronce Antiguo que supuso la cultura Campaniforme, entre el III y II milenio a.C. Dichas fosas-silos nos permiten señalar que en ningún caso nos encontramos ante verdaderas “cabañas” sino de estructuras abandonadas y amortizadas, asociadas a las áreas de habitación de un poblado de carácter no estable.


Asimismo, estos materiales encuadran perfectamente con los hallados en el subsuelo de la capilla de Santa Ana, incluso en los alrededores de la ermita de Ntra Sra. de los Remedios, a 4,5 kilómetros de la localidad, entre cuyo repertorio de este último yacimiento cabe destacar un pequeño fragmento cerámico correspondiente a la panza de un recipiente con decoración campaniforme de estilo Ciempozuelos. En definitiva, se trata de asentamientos que se suman a los ya conocidos en la Sierra madrileña, incidiendo en la extraordinaria densidad poblacional que se dio durante estos momentos de la Prehistoria reciente madrileña, sin duda debido a la presencia de mineral metálico.


Las evidencias arqueológicas actuales dan un gran salto cronológico hasta la época hispanovisigoda, a partir del Siglo VI d.C., cuando tiene lugar una extraordinaria red poblacional con motivo de la formación aldeana, como ocurre con los yacimientos de la dehesa de Navalvillar, Los Villares y, recientemente, con El Grajal, al descubrirse, durante el transcurso de las últimas investigaciones, material inequívocamente del siglo VII, entre otros yacimientos más ubicados tanto en Colmenar Viejo como en las localidades limítrofes.

Edificio en la aldea de NavalvillarUn aspecto a destacar es la red de comunicaciones, pues contamos con el tramo de calzada que bordea la parte más septentrional del yacimiento de Fuente del Moro, en dirección hacia el arroyo de Tejada, posible una vía de segundo orden, demás de la nutrida de red de cordeles y cañadas que vienen a complementar el necesario tejido viario para comunicarse los diferentes asentamientos entre sí y con otros núcleos de mayor o menor importancia, donde parece obvio incluir a Complutm (Alcalá de Henares) Talamanca o Segovia.


Estas aldeas configuran un nuevo paisaje rural, abiertas, de gran extensión, que superan la hectárea, extendiéndose a lo largo de relieves relativamente suaves, con buenos recursos acuíferos. La documentación arqueológica, a través de las prospecciones y las excavaciones practicadas, tiende a explicar esta configuración topográfica a partir de construcciones levantadas con el mismo material, la piedra de neis obtenida en las inmediaciones rocosas, formando una mampostería tosca, a veces con muros mal alineados, recibida con barro y cubriendo sus alzados, al menos los interiores, 

Tramo viaro junto a la necrópolis de Fuente del Moro

con el mismo material, posibilitando los accesos con vanos de poca luz y rematando sus techumbres con ímbrices (tejas) o ramajes, adaptándose a unas plantas rectangulares o cuadrangulares, de mayor o menor extensión. Otra característica es la delimitación o cierre, a modo de pequeño cercado que agrupa a varias unidades constructivas, documentada con mayor claridad en Navalahija y Navalvillar.


Se trata de espacios o habitaciones de carácter familiar que, con seguridad, dispusieron de otros comunes de explotación especializados en la reducción del mineral de hierro, complementándose su actividad económica con otros recursos, como la ganadería ovicaprina.

 

 

 

 

 

 


 

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